LOS TRES
DESEOS
Hace mucho, mucho tiempo, un matrimonio muy joven vivía en
una casita vieja, en medio del bosque. El se llamaba Juan y ella María.
Una noche de invierno, cuando estaban sentados juntos al
fuego mientras se cocinaba la sopa, María dijo:
-Ojalá pudiera ser muy rica y tener todo lo que quiero.
Entonces, sería feliz.
- yo también -dijo el esposo-. Ojalá venga un hada buena
para pedirle muchos deseos.
Justo en ese momento, apareció en la cocina una dama muy
hermosa con una varita en la mano, que les dijo:
-yo soy el hada. Les daré las tres primeras cosas que pidan.
Pero tengan cuidado. Solamente son tres deseos. Después no les concederé nada
mas.
Cuando el hada desapareció, el hombre y la mujer, sin salir
de su asombro, se pusieron a conversar sobre que deseos pedir
-yo se muy bien lo que quiero-dijo María- Todavía no lo
digo de verdad, pero deseo ser hermosa y
rica.
-Es mejor pedir salud y alegría- Contesto Juan- y también
una vida muy larga
-¿Para que sirve una vida larga si somos pobres?- pregunto
la mujer
-Es cierto- dijo el marido- No nos apuremos. Pensemos bien
los tres deseos y después los pedimos.
-Voy a pensar en eso toda la noche- dijo ella- Mientras
tanto, avivemos el fuego por que hace frio.
María tomo unas tenazas y removió los carbones de la
chimenea. Entonces dijo sin pensar:
¡ Que buen fuego! Ojala tuviéramos una rica morcilla para
cenar.
En ese momento, cayo por la chimenea una gran morcilla.
-¿ Por que hablaste sin pensar?- pregunto enojado Juan-
Ahora nos quedan solamente dos deseos. Ojala tuvieras esa morcilla en la punta
de la nariz.
Enseguida, el hombre se dio cuenta de su error : gracias a
ese segundo deseo, la morcilla salto a la punta de la nariz de la pobre mujer.
-¡Que horror! – grito ella tratando de arrancársela-. ¡Eres
un tonto!
-Lo siento mucho - dijo el marido. ¿Qué podemos hacer? Voy a
desear grandes riquezas y te haré una funda de oro para tapar la morcilla.
-¡Ni se te ocurra!- exclamó María- Me muero si tengo que
vivir con una morcilla en la nariz . Solo nos queda un deseo. Déjamelo a mi.
- Pide lo que quieras
- Muy bien- dijo la mujer -. Deseo que esta morcilla se
caiga al suelo.
Y al instante, la morcilla se cayo. La mujer, que era inteligente,
le dijo a su marido:
-El hada se burlo de nosotros y tuvo razón. Ser rico no quiere
decir ser felices. Tomemos las cosas como vienen. Mientras tanto, comamos esta
rica morcilla.
Entonces, los dos cenaron alegremente. Y no se preocuparon
mas por deseos.
JEANNE MARIE LEPRINCE DE BEAUMONT.